Juan Rulfo y las mujeres en sus cuentos

7 enero, 2026
por
Juan Rulfo
Juan Rulfo

¿Te has puesto a pensar cómo Juan Rulfo y las mujeres en sus cuentos reflejaron a México?

Lo hizo con realidad, con su crudeza poética que te deja pensando días enteros.

En Pedro Páramo y El llano en llamas, las hace reales: madres que cargan con todo, amantes inalcanzables y mujeres que pelean contra la vida dura del campo mexicano.

Vamos a repasar esas frases que duelen y emocionan, sacadas directo de sus páginas.

Son como un espejo del México de antaño, con sus abandonos y pasiones… comencemos.

Juan Rulfo y las mujeres en sus cuentos

Madres que no olvidan, en Pedro Páramo

Acá las mamás son puro sentimiento.

Imagínate a Dolores Preciado, en su cama de muerte, soltándole a su hijo: “El olvido en que nos tuvo, mi hijo, cóbraselo caro”.

Habla del dolor que deja Pedro Páramo al largarse y dejarlas solas.

O el arranque de la novela, cuando Juan dice: “Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo. Mi madre me lo dijo. Y yo le prometí que vendría a verlo en cuanto ella muriera”.

Esas promesas que uno hace a la mamá, ¿verdad? pega fuerte.

Pasión Desbordada con Susana San Juan

Susana es la que enloquece a Pedro. En su cabeza, suelta esto: “¡Señor, tú no existes! Te pedí tu protección para él. […] Y lo que yo quiero de él es su cuerpo. Desnudo y caliente de amor; hirviendo de deseos; estrujando el temblor de mis senos y de mis brazos. Mi cuerpo transparente suspendido del suyo”. Pura intensidad, un deseo que no se apaga ni con la muerte. Rulfo la muestra como mujer libre en su mente, aunque el mundo la ate.

Un Cuento Emblemático: No oyes ladrar los perros?

Este relato de El llano en llamas es oro puro sobre una madre y su hijo.

La vieja carga al muchacho herido por el monte, de noche, hablando bajito: “—No te mueras todavía, hijo. Aguántate tantito más. Ya vamos a llegar adonde el buey. […] Ya falta poco, hijito. Aguántate. No te vayas a morir todavía”.

Ella lo protege con uñas y dientes, caminando sin parar, mientras él agoniza.

Al final, pregunta: “—¿No oyes ladrar los perros, hijo?”.

Es maternidad en su forma más cruda: sacrificio total en la oscuridad.

Te deja con el corazón en la mano, mostrando cómo las mujeres aguantan lo imposible por sus hijos.

Juan Rulfo y las mujeres en sus cuentos también habla de mujeres fuertes en la pobreza

En Es que somos muy pobres, una mamá se queja: “Y mamá no quiere. Mi mamá no sabe por qué Dios la ha castigado tanto al darle unas hijas de ese modo, cuando en su familia, desde su abuela para acá, nunca hubo putas”.

Habla de estigma y lucha diaria.

O esa frase protectora: “Nadie te hará daño nunca, hijo. Estoy aquí para protegerte. Por eso nací antes que tú y mis huesos se endurecieron antes que los tuyos”.

Rulfo, marcado por su propia madre y abuela, las ve como las que sostienen todo.

Estas líneas no son solo palabras; son pedazos de vida mexicana, con realismo mágico que te envuelve.

Juan Rulfo influyó en cracks como García Márquez, y sus mujeres siguen hablando de deseo, dolor y fuerza.

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